miércoles, 7 de octubre de 2015

Sin agua

En mi casa no hay agua. Falta desde ayer. Poca cosa si se piensa en colonias periféricas que padecen este infortunio habitualmente, y luchan por sobrevivir sin un baño o acaso un buen vaso para poder tomar. Se sufre sin agua, de eso no hay duda.

La cuestión acá es que así pasa a veces, incluso en colonia de ricos como la mía, en donde el suministro de merma por cuestiones fortuitas o, como en mi caso, el hidro falla o se daña. Entonces se quita el motor y se manda a checar, se espera a que se cheque, no sin antes corretear a los técnicos que a su vez corretean otros proveedores, que a su vez corretean importaciones o fabricantes nacionales por piezas específicas, y éstos luchan por su control de calidad del producto y el servicio vendido por sus mismos operadores, en sus procesos de fabricación. Un lío, y todo para esperar a que se cheque el motor de mi hidro, el que seguramente va a requerir las piezas buscadas, que tardará lo necesario para ser arreglado y por fin, quizá, remontarlo y gozar de las presiones de costumbre.

Tener agua es un privilegio, nada más. Uno no se da cuenta porque no cuesta mucho, pero en sí acaso esmás valiosa el agua que la luz. Si no es por la luz, el refri no jala, ¿y qué más de importancia? De día casi ni se siente. Pero el agua requiere baño, lavarse las manos, bañarse completo, tomar si no se tiene el presupuesto de un garrafón, y esas cuestiones ya vuelven al individuo tan solo mas dependiente del agua que de cualquier otra cosa, hablando de servicios.

El agua. Ojalá regrese hoy. La extrañamos todos. Valdra la pena abrazarla cuando vuelva.